lunes, 24 de junio de 2013

La Última Compañía

                          
            La habitación en penumbras disparaba sombras hacia los estantes de la biblioteca. Varios libros dejaban impregnado el ambiente de hojas amarillas, mientras que sus  diferentes formas y ediciones remarcaban un placentero paisaje que remitía a una calma de siesta, en un domingo otoñal.
            El escritor perdido en el ocaso de su vasta trayectoria, juntaba con sus pequeñas fuerzas los restos de cenizas de un cigarrillo mal apagado. Vislumbraba su cuarto entero hecho de madera barnizada y sentía un gozo apagado. Se encontraba solo.“Está bien” pensó “me acompañan todos estos libros”. Sin embargo, la soledad que sufrió en toda su vida, fue exitosa.
            Antes de la medianoche bebió una copita de jerez junto a la ventana. Bendijo a la luna con una copla que improvisó y ató su bata para sentarse en el sillón.
            Las campanadas de la iglesia dieron las doce exacta. El escritor se dirigía por última vez a su reconfortable cama vacía.
            Con sus pantuflas de antaño arrastrando por el piso, puso la mirada penetrante en el destello de algo asombroso. No podía creerlo, se tapó los ojos y se refregó con ambas manos. Ella, ella estaba ahí, sentadita de piernas cruzadas sobre la cama, esa cama que estaba destendida y desaliñada desde hace varios días. La muchachita vestía una camisola blanca, casi transparente. Llevaba el pelo suelto hasta la cintura, o al menos eso parecía y sus uñas, oh, sus uñas, que decir, eran largas y radiantes.
            El viejo poeta no concebía salir de su asombro, no podía creer lo que se aposentaba en su vieja guarida de maderas barnizadas.
            La joven comenzó a acercarse mientras la desnudez implícita era absorbida por el cuentista. En ese preciso momento y sin mayor temor a que la joven escapara del aposento, el escritor comenzó por revolver todo su escritorio. Sacó miles de papeles, notas y cuentos por los aires. No dejo estante ni biblioteca sin dar vuelta en aquella habitación. Por primera vez no le encontraba título a su obra.
           
Cansado de tanta búsqueda y atónito de tanta hermosura, de tanto arte que se encontraba frente a él, solo supo decir:
-         Y vos?... vos de que cuento te escapaste?.


            

Estrelicia Foribunda

           Sin miedo, Estrelicia, buscaba por entre sus bolsillos el dinero de aquella tortura. Si bien, su único y miserable ingreso monetario eran los hombres vivos, aquel cuerpo gordo y peludo era una delicia de papeles verdes.
            Minutos antes Don Gaspar, como era conocido aquel muchacho, había estado bebiendo una suave copa de vino tinto de alguna cosecha tardía para nada grata. Miró por entre su hombro derecho a una bella señorita morena de pelos lacios hasta la los omoplatos, de una brillantez abrumadora y con esos ojos grandes como la luna llena, profundos como el mar, desafiantes como el mismo viento del sur. – Qué mujer!- se oyó decir.
            Estrelicia era abogada, tenía alrededor de treinta años pero aparentaba de veintisiete y solo había tomado una mala decisión en su vida.
            Don Gaspar manoteo a la morena, la tomo por la cintura y clavando sus ojos en el cuenco de sus senos le habló directo al oído dejando rosar esa sedienta lengua roja y mórbida en la oreja.
-          Esta noche sos mía, querida-  
-          NO!, besos no- suplicaba Estrelicia ante el calenturiento gordo.
     El cuarto era vulgar, como el resto de los cuartos de esta ciudad. El sur era frío a esta hora de la Patagonia Argentina y un cuerpo acostado sobre un colchón sin sabanas era el calor necesario para enloquecer.
      La encargada de Estrelicia, Señora Isolina, la “Madame” de la casona, llevo a Don Gaspar y a la pobre abogada a la habitación trece. Don Gaspar se relamía sobando sus manos imaginando todo el frágil cuerpo de la señorita. Necesitaba poseerla, su mente era aún más perversa que de costumbre. Tenía una idea fija.
      Para Estrelicia, su postor, solo era un hombre más, parecido al resto, nada atractivo poco sensible.
-          Atendémelo bien, no seas guacha che- susurro Isolina guiñando su ojo calor café pobre, por detrás de la espalda de Don Gaspar.
-          Si Madame, si señora. Así será- pronunció Estrelicia tomando las manos arrugas de Isolina que imaginaba la catarata de billetes en su mostrador luego de consumado el acto.
    A las cero horas del día martes tres de Julio, Don Gaspar entraba al bar. A las dos de la madrugada entraba a la helada habitación trece y a las dos y media de la misma noche entraba al infierno. Don Gaspar era asesinado por las suaves manos de una joven morena.
      Cuando Isolina se marcho cerrando la puerta de aquel cuarto, el gordo dejó en evidencia su desnudo repugnante sacando sus ropas de un solo tirón.  Entrando despacio a la cama dio un pequeño saltito, haciendo rechinar las finas filas de maderas de la cama. Manoseando su miembro llamo a Estrelicia al juego.
      Estrelicia se acerco hasta sentir el olor a transpiración que emanaba del cuerpo flácido y acaricio la piel con tímidos movimiento circulares. Sus manos temblaban del asco. 
      Hace solo un año atrás Estrelicia se recibía de abogada. Quiso, como toda mente joven probar suerte y el sur era el lugar elegido para desplegar cuanta hermosura e inteligencia. La Patagonia era el lugar para triunfar.
-          Quiero que me penetres!- refunfuñó Don Gaspar.
-          Qué?, qué quieres qué?-  se sobre salto Estrelicia.
    Sus sueños de abogada habían muerto la misma mañana que llego.
-          Dale pendeja, hazlo, mete tus manos. Dame por el culo- Se enfurecía la grasa del gordo mientras no dejaba de sudar largando vapor por el cuerpo y mientras se daba vuelta dejaba ver todo su culo asqueroso, extremadamente grande.
    Cuando por teléfono un hombre de media edad la convencía que un estudio renombrado del sur quería sus servicios por el gran curriculum y presencia, Estrelicia, dejo toda su vida en la capital y se largo a la aventura.
      Fue secuestrada y llevada en cautiverio por caminos adversos con sus ojos  vendados. Ni siquiera pudo dar una bocanada de aire puro cuando bajo de la traffic que fue contratada por la empresa, que una mano grande y pesada  tapaba su débil boca. Todo fue un engaño. Una trampa más.
      No pudo saber que fue, pero hace tiempo venía con esta necesidad. Por qué Don Gaspar?, Por qué él?. Aquel viejo no le había hecho nada, solo era un consumidor más. Aún así tenía que ser la victima.
      Se acercó dócil y en plena calma. Apoyo su cuerpo en las grandes nalgas y con un certero movimiento de manos puso a la cabeza de Don Gaspar a dar vuelta para luego caer junto al pesado cuerpo en total desgracia. El asesinato era consumado. Ahora debía ir por la libertad.
      Tomo los pantalones de su postor y reviso cada bolsillo llenando sus manos con grandes fajos verdes. Olvidándose de su total desnudez corrió por entre los pasillos rojos a oscuras, si bien era evidente que pasos más adelante escucharía gritos y disparos esto no lograría retenerla… es qué a caso , eso no valía la pena?,  LA LIBERTAD?.
      Paso la puerta principal como un rayo en la total y temida tormenta eléctrica. Sus piernas eran tan largas que cada zancada la dejaba más lejos del infierno. Logro pasar el vestíbulo y el último portal. Diez metros después del enrejado principal, en la profundidad de la noche el escopetazo perturbó a los testigos del caserón.
      A Isolina nada se le escapa. A la “madame” del lugar nada le pesa, mucho menos veinte mil verdes.
      A Don Gaspar nadie lo reclamó, su deceso no fue advertido, era un fantasma sin familia que solo vivía para relamer sus vicios. Estrelicia fue abandona en cuerpo en algún lugar del patio trasero.  Isolina se compró unas cuantas cremas, dos vestidos de noche y lleno el tanque de combustible de su traffic.


      

viernes, 21 de junio de 2013

UNO

                                                               
Tengo una historia. Una historia en uno.
Todo parece ser una metáfora y lo cierto es que todo es una metáfora. Yo, el viento, el río, la puerta, los pedazos de esta casa, mi pies, esta cama. Las horas perdidas, mis cabellos, la poesía, el arte, el perfume. El perfume…perfume, primer gran mentira, creer en su perfume.
  Después de todo sigo siendo uno más. Uno en la hoguera.
 ¿Y cómo danzan los demonios?.
  La veo desde el ayer, como si el mañana fuera una tierna niebla de algún porvenir. Danza la hermosa y viene con compañías, ellas danzan también. Pronto, bien pronto me uno a ese rito, a ese juego que es de uno. Uno en uno. El uno sin el otro, sin la persona demás!. Bailan las bellezas de pelos sueltos mientras en la hoguera se queman papeles que nos iluminan y nos dan calor.  Se queman prosas, plegarias, versos, poemas… Sí poemas que tal vez alguna vez escribí a ese cuerpo, a esos ojos. Poemas que arrancaron de mí partes no tiernas, partes que son únicas en el mundo…como mi amor, como mi amor hacia ella.
  Me danzan en la cara, mueven su cuerpo y ríen. Disfrutan de ese momento en uno, y cada una de ellas tiene un perfume distinto, sin embargo yo solo me detengo en dos de ellas. Solo dos de ellas merecen la pena y la alegría.
  La hoguera ardiendo en coplas, en coplas que ya no existen, y ahí, en ese único momento, en ese único instante, sus caras, sus manos, sus piernas me desatan la carne, esta carne cruda que soy. Me dejan abducido, inconsciente, tirado en el suelo con sus bailes.
  ¿Quién puede atreverse a detenerlas?. No hay UNO, no hay uno solo que pueda.
  Caminé en paisajes áridos secos, y el viento, el viento es tan común por estos lados, parece ser el mismo de ayer, o al de antes de ayer. Parece uno, uno más.  
  Caminé, y al camino se le sumo Ángel, Ángel pequeño en espíritu, porque solo de espíritu uno se hace ángel, y ella, ella es todo un ángel… un ángel pequeño en espíritu.
  Su cuerpo es tan solo un instrumento, una mañana en la oscuridad total. Su cuerpo es solo cuerpo y sirve solo para ser cuerpo, ¡PERO POR DIOS!, ¿por qué están hermoso ese cuerpo?. Cuerpo… cuerpo. Segunda gran mentira: creer en su cuerpo.
  La noche ya estaba sobre mí y a mi costado se encontraba ella, Ángel pequeño en espíritu, y sobre ella nada, el vacio total. Rama estéril seca.
  Caminamos largo rato sin mencionar nada. Entre tantas miradas perdidas que nos hicimos encontramos un horizonte, si, y también un firmamento, también vimos al sol desaparecer y a la luna encontrarse sin estrellas. Pronto, bien pronto, como pensamiento pasajero uniforme y sin sentido, Ángel pequeño en espíritu habló. Habló para no callar.
-          Alguna vez, viste, observaste que en flor soy y en diamantes me visto- dijo moviendo sus manos por alrededor del paisaje
-          No, en verdad no- conteste moviendo la cabeza- Hay algo que me obstruye la visión-
-           Acaso es la belleza?- preguntó
-          Si -
-          Pero, cuál?. Aquí no hay belleza alguna- volvió a preguntar con las manos blancas moviendo el mundo
-          Y tú?. Tú que eres?-
-          El flor soy, en diamantes me visto. Soy baile sensual, sexual, sádico-morboso. Soy todo lo que no obtendrás de mí-
-          Flor?...No!- repuse – en diamantes te viste?, NO! Tu ya eres diamante en bruto, tu cuerpo es diamante- y clavé la mirada en su figura.
-          Soy hermosa- se convenció de pie frente al paisaje seco.
-          Si- concluí afirmando sus palabras.
  Es hermosa, todo en cuanto a ella es hermoso, pero, por qué hay un Arte, un Arte que no me deja ser?. Prisionero de mi propio Arte y enemigo íntimo, loco-locuaz, de mí, sale de vez en cuando, cada tanto el ARTE!, y ahora no debía salir, no tenía que salir.
  Aún con Ángel pequeño en espíritu cerca de mí, en aquel paisaje seco, de un valle árido, viene a salir de mí aquel tipo.
  Arte tiene un alto porte y viste de manera radical. Lleva los pelos revueltos y la piel blanca. Tiene esas morisquetas que hace con las manos que me vuelve loco.
 Mi Arte es un hombre, tiene figura humana, y es solo arte. Mi Arte es solo arte y es lo que le falta a todos los demás, quizás también a mí. Quizás.
 Ángel pequeño en espíritu se va de mi lado, se aleja del camino no sin antes estamparme un beso rouge en la mejilla derecha. Se va perdiendo hacia lo inexistente cerrando una puerta de total paz.
  Por donde ella se aleja, lo veo venir a él: es Arte quien se acerca danzando atravesando el cuerpo casi fantasma de Ángel pequeño en espíritu sin que ella perciba alguna molestia.
  Se aproxima con esa particular manera desequilibrada de caminar, con esa euforia y esa mirada tan oculta que tiene el arte.  Se acerca hasta mi y empieza con su show, con su unipersonal, con su UNO EN UNO.
-          Pensaste quién eres?. Te haces llamar “artista” y ni te conoces-  me lanzó sus palabras una por una.
-          Mierda!, es verdad-  contesté
-          Y esta lindura que acabas dejar ir?. Es a caso otras de esas putas que te gustan?- preguntó convencido de mi respuesta.
-          Ey! Ten cuidado con las palabras, ella es una buena chica, tiene una vida y un espíritu-
-          Conozco su pasado-
-          No me interesa-
-          Seguro?- insistió Arte.
-          Tal vez si me interesa, pero no quiero saberlo de vos- y negué con mis manos en un violento acto de repudio.
-          Oh! Está bien. Solo me sentaré y esperaré en aquella roca- indicó Artes señalando una gran roca gris.
-          MOMENTO!....está bien…. Si, si quiero saberlo.- grite- sólo quiero saber si es pura-
  Arte se detuvo al cuarto paso y volteo hacia mi dirección.
-          No!- y saltó feliz de ver mi rostro bajo.
-          No qué?-
-          No es pura ni en la impureza. No está limpia, ella solo baila-
-          Lo sé – mentí para ocualta mi dolor- y Alma?- pregunté enseguida.- Qué pasa con ella?. Ella también danza y quema mis coplas, mis poesías…mis versos-
-          Usted…-
  Y sin dejar de terminar sus palabras volví a hablar.
-          Yo me siento y no me relajo. Odio que quemen mis escritos, pero no puedo evitarlo. Si no queman estos papeles que escribo no hay hoguera, si no hay hoguera no hay fuego, si no hay fuego no hay danza, y si no hay danza podría yo perderme en la vida…tú sabes, eres parte de mí.-
-          Es como una dulce adicción- mencionó ocultando sus pálidas manos en un sobretodo negro.
-          Lamentablemente si. Solo danzan y viven si les escribo.-

  El paisaje se había transformado, un ambiente verde ahora se podía respirar. Caminaba con la desventaja del tiempo, siempre me robaba las horas el tiempo, pero aún así continuaba firme con el verde fresco en mi nariz.
  En el aire una estela de perfume se acercaba hacia a mi. Sabía, tenía bien en claro que ese olor era su piel. Pensé en cambiar de dirección, alejarme, mimetizarme con el ambiente, pero ¿para qué? , si yo ya estaba embriagado de su condena.
  Quieto desde donde me encontraba baile un tango sobre el río. Imagine ser un tango nostálgico interpretado por una joven pareja en el ocaso de su corta relación. Tal fue el lapso de locura, que cuando abrí mis ojos, el tiempo me había vuelto a robar no solo las horas, si no unos cuantos días.
  Ahora ante mi atónita mirada, Alma estaba en mis brazos.
-          Quién más que tú!, oh Artista!. Hazme poesías, dame fuerza interior. Alábame!, idolátrame. Hazme miles de versos, inmortalízame tal vez… así yo podría enriquecerme interiormente de vida-  descargó Alma
-          Déjame preguntarte algo- dije interrumpiendo su excitación de plegarias.
-          Soy tuya-
-          Cuando bailas, lo haces para mí?-
-          En parte si-
-          Qué buscas?-
-          Ya lo mencioné: ámame. Hazme poesías, dame libertad , tómame, déjame tus letras y veme bailar, tal vez así podría seguir enriqueciéndome interiormente-
-          Solo eso buscas?-  volví a preguntar no conforme con lo dicho.
-            Qué otra cosa podría querer en este mundo-
-          Supongo respirar, vivir-
-          Eso lo hago sin pensar-
-          Y en qué piensas sin hacer-
-          El amor- concluyo Alma saliendo de mis brazos.

  Observe al siempre inoportuno Arte acechar desde lejos. Sus sombras se retorcían y sus manos se movían más que de costumbre. Lo odiaba, lo odiaba por eso. Ese demonio estaba feliz.  Se abalanzó sobre mí y dio un giro antes de poder tocarme, después se movio hasta mi espalda y acercando su boca a mi oído perturbado dijo:
-          Esta es alma, chica limpia, sin pasado, pero sin futuro también-
-          Vive en presente- dije
-          Así es, única-
-          No, ella no es única, es diferente, es una…solo una-
-          Linda-
-          Qué sea tan linda?-
-          Que no pueda amarme-
-          Ella te ama-
-          Si, pero no me sirve-
-          De qué manera te sirve?-
-          Que me den contra la pared-
-          Como aquella  mujer del paisaje árido-seco?-
-          Si, ella lo haría-
-          Y cuál es el problema?-
-          No me ama, solo es superficial-
-          Es que en flor es…-
-          Si, y en diamantes se viste-
   Cerré los ojos y cuando los abrí todo era nuevo de algún modo. Me encontraba recostado en una cama que olía a mil pecados, estaba sobre  un colchón que olía a gato barato y a puta contenta. Que olía a hombre sucio y barba de cien años. Estaba a la vera de un río que no enfriaba mi instinto.
  Me reincorporé despacio y me senté en el suelo húmedo arenoso a mirar mis pelos en el reflejo cristalino del agua. Acomode de a poco mis ideas una por una, siendo uno. Solo uno. Las horas perdidas las deje en el olvido, el sueño extraviado lo deje en el futuro, donde indudablemente volvería a buscarlo con el tiempo. Al talento lo deje libre, deje que la corriente se lo llevara lejos, perdido en la inmensidad del vapor que aflora en el río.
  Cuando me repuse del suelo giré hacia la cama. Sobre el colchón se reposaban Ángel pequeño en espíritu y Alma. Las miré y tuve miedo por dos segundo.
  Unos, dos, listo. Era hora de enfrentar las palabas.
-          Seguimos haciendo exactamente lo mismo. Hoy estamos acá, pero y mañana?, que será de nosotros mañana. Qué pasará cuando ya de mi mano no pueda salir una frase más?. Qué pasará cuando mis manos se corten y se larguen todas las magias al aire. Qué lograremos siendo tan así: tan uno con uno, el uno sin el otro?-  dije moviendo mis piernas en un vaivén descontrolado y en un frenesí de ansiedad devaluada.
-          Yo miro, observo,  construyo defensas. Estoy preparada para el próximo baile, necesito del idolatra.- enfatizó Alma
-          Pretendo, quiero, en flor soy, y en diamantes me visto…una se viste en diamantes- se regocijaba  Ángel pequeño en espíritu.
-          Deseos! Impulsos!, me sudan las manos… estoy nervioso, necesito escribir, siento deseos de escribir!- les grité.
-          Hazlo! VAMOS!, dame, dame , dame todos los versos, todas las palabras!, QUIERO TODAS LAS ALABANZAS!- rugió Alma sudando.
-          En flor soy, estoy en flor. Floreciendo hermosura constante. Me visto, una se viste en diamantes, soy hermosa! Si soy hermosa- se convencía Ángel pequeño en espíritu.
-          SI! escribe! VAMOS HAZLO!, desnuda mi cuerpo, vamos!!!- me obligaba Alma.
  Mi cabeza era manipulada por perversas criaturas femeninas. Querían de mi lo único que es mío. Necesitaban de mis letras, ellas crecían con mis palabras, era lo único que necesitaban de mí: mis letras, mi cabeza! Cada palabra que saliera de esta cabeza. Se enorgullecían y quemaban mis escritos, me querían por mi cabeza, por mi mente constuida para escribir,  MENTE!...mente.
  Tercer y última mentira: mi mente brillante.
  Las empuje con violencia afuera de la cama, con las manos llenas de odios y calambres. Todo se volvió a transformar en un instante nuevamente, en pocos instante la devastación se llevo todo lo construido. La cama ya no estaba, yo ya no era nadie, no quedaba un rastro de lo que fui, era un animal, un feo animal de tortura.
  Perdí mi brazo derecho, se soltó, se salió de cuajo y en su lugar salió un nuevo miembro, un total y duro instrumento parecido a una pluma para escribir.  Era como una gran pluma y la sangre era la tinta, SI, LA SANGRE ERA LA TINTA!, la tinta más roja que el mundo pueda resistir. Mis ropas se soltaron, se rasgaron de mi piel y mi mente se perdía, se perdía en el suave devenir de las oraciones.
  Comencé a largar sangre, mucha TINTA, que manchaba y escribía poesías en mi cuerpo, en mi cuerpo que era con un suave papel blanco tatuado por hermosas palabras del ser. De repente y casi sin aviso, el cielo se nublo. Las nubes gordas eran grandes cuadernos llenos de escritos, y llovía! SI, LLOVIAN PAPELES!, llovían escritos míos por todo el lugar. Las hojas que caían alimentaban a la hoguera en el centro de la escena. El fuego consumía el arte destellando millones de chispas al cielo en busca de alivio.
  Las mujeres empezaron a experimentar en sus cuerpos la esencia vital de mis palabras. Entraron en un trance sin igual con la hoguera mientras desvestían sus impurezas y dejaban ver lo radiante de su piel desnuda.
  Una no se veía con la otra en sus danzas, una era diferente a la otra. Una era una. Una era un tiempo aparte con la otra. Una era la misma. Una en una.
  Ambas bailaban alrededor de la hoguera resplandeciente, movían sus cuerpos vacios de ropas mientras quemaban más y más mis escritos. Me miraban y acariciaban… besaban mi rostro y rasguñaban mi piel. Me pegaban con sus cabelleras e insultaban mi nombre. Pronto me uní a ese rito, a ese rito que no era rito…a ese morbo.
  Bailamos y al euforia elevaba nuestro cuerpos, la excitación que sentíamos no era maligna, solo queríamos acabar con nuestros cuerpos, necesitábamos aniquilar nuestros deseos. Queríamos una implosión, una rebelión natural.
  Horas y horas permanecimos allí danzando, hasta Arte se había unido sin notar yo su presencia, ya ni siquiera me molestaba que sea parte de mi… es que ya tan solo éramos piel flácida y sin color. Ya casi no distinguíamos un cuerpo del otro, solo mi cabeza era un objeto firme y concreto. La hoguera había consumido todo. Todo excepto mi cabeza, la mente brillante por dentro. Mi cabeza cayo, rodó y rodó por el suelo hasta llegar a la orilla del río que aún seguía allí. Mi boca se había llenado de arena, pero no importaba, ya no importaba nada más. Rodó y rodó hasta llegar a lo profundo del río y en aquel preciso lugar, se dejo arrastrar por la corriente.
  Lo que pasa es que uno es uno, y en flor es y en diamantes se viste. No importa ese tiempo-espacio, no sirve, el deseo igual nos consume, nos evapora.

  Vivimos de lo que escribimos. Escribimos lo que vivimos. 

Tierra Húmeda

  Al amanecer,  el sol totalmente renovado, revolea sus rayos a la tierra con una suavidad tan especial que acaricia el alma. El perfume matinal de cada nuevo día impregna las avenidas y las callecitas que aún sonámbulas se dejan llevar a la vida.
  Las flores de un pequeño canterito de cierto caserón empiezan a asomar su belleza al cielo abriendo más y más sus pétalos al sol. Casi al mismo tiempo, con un fuerte estirón en su cama y un suspiro fugaz, una niña se despierta abriendo los ojos más bellos que vi.
  Abre las ventanas de par en par y se llena los pulmones de aire puro. Siente el perfume matinal y las risas de las flores en el pequeño canterito. Sonríe mostrando sus dientes al sol y baja de su cama de un salto. Corre por un largo pasillo saludando rápidamente a los habitantes de aquel viejo caserón, que acostumbrados a esas corridas de la pequeña le tiran un beso al aire que ella recibe siempre de pie a la puerta del patio.
  La puerta que separa la casa del patio más verde y colorido está abierta de Ton a Son. Da un paso hacia afuera y toma del suelo una vieja regadera. Camina despacio por un caminito de hojas secas que la brisa llevo hasta allí con una suerte de colchón para sus delicados pies.
  La canilla la saluda salpicando unas cuantas gotitas frescas en su rostro mientras llena la regadora con agua pura. Cierra la canilla y pone sus pies en aquel colchón de hojas secas. El caminito siempre llega al mismo lugar.
  Un canterito es feliz en una parte de la ciudad, en cierto lugar privilegiado, de un largo jardín verde.
  La niña se pone de pie frente a las flores y las saluda con una sola mano, entonces empieza a cantar, y las melodías de la canción juegan con el agua que cae en forma de lluvia sobre las flores. Las baña con agua, con mucha agua pura y fresca, no deja cantar, no deja de sonreír. Vacía toda la regadora sobre el cantero y se arrodilla. Cierra los ojos, y acerca su nariz al suelo. Su momento favorito es oler la tierra húmeda y dejar que las flores le acaricien el pelo.
  Se pone de pie y vuelve por el mismo sendero de hojas secas, deja la regadora al lado de la puerta de afuera, como cada mañana. Limpia las plantas de sus pies y su nariz manchada con barro con un pequeño pañuelo de papel y se sienta a compartir la mesa, mirando por la ventana.
  Afuera la ciudad aún se sigue despertando, y el perfume sigue subiendo con el sol que cada tanto se deja tapar por alguna que otra pícara nube.

  La niña desayuna sus cereales preferidos sentada en una silla de madera donde le cuelgan sus pies. Esta feliz, sabe que le espera un día con aventuras afuera, más aún sabe que mañana por la mañana podrá sentir el olor a tierra mojada nuevamente.

Épica y Descomunal

  Y así, sin más llegó noviembre a la región con todos sus fuertes vientos del sudoeste. Con toda esa humedad agobiante y las tormentas repentinas de lluvia feroz.  Llegó noviembre y en su primera noche, desató una furia sin igual al terreno. Las gotas de lluvia eran del tamaño del puño de un joven, la fuerza con la que pegaba al suelo era desgarradora. Las ráfagas de viento sacudían al mismísimo espíritu sacándolo del cuerpo helado. La noche era tan oscura que el rostro era un olvido constante perdido en las lejanías de la naturaleza viva…temblante, miedosa.
  La madrugada nos encontró dormidos casi muertos, pero aún así, la sonrisa afloraba en nuestros frescos rostros como un reflejo que premeditaba un cielo con sol, sin nubes, de fuertes colores.
  Cerca de mediodía el sol brillaba más de lo normal. Los obreros, en sus trajes azules apagado, se acercaban caminando abombados a la gran plaza Libertad para ver el desastre de la lluvia.  Los trabajadores más jóvenes caían de rodillas y tantos otros se sentaban al borde de la extinta escultura a llorar. Se preguntaban por qué. Qué habían hecho, qué hicieron mal. Por qué Dios permitía esto. En tanto los obreros más viejos, los experimentados consolaban a los principiantes y pateaban algún que otro escombro del lugar para descargar furias contenidas.
  Pocos sabían del grado de importancia que tenía la escultura muerta, es que pocos quedaban en el mundo.
  La madre naturaleza se reveló contra Dios cierto día, años atrás. No recuerdo el inicio, no tengo rastro del comienzo o de las insinuaciones de esta guerra. Solo comenzó, y desde entonces hemos visto miles de guerras y hemos sido mil millones y más los muertos. “las bajas”, “los civiles”, “los daños colaterales de esta guerra”.  Solo éramos un puñado de cientos en el mundo concentrados en algún lugar de América Central. O pertenecías a Los Guerreros de Dios, o era parte de la Resistencia de la Naturaleza, como yo, como tantos otros compañeros que luchaban a mi lado y morían por vivir.
  La Naturaleza quería al mundo, al planeta en su vasto territorio y a unos cuantos hombres y mujeres para mantener cierto equilibrio.  En cambio Dios lo quería todo. Todo el universo, la totalidad del imperio, la temerosa concentración del TODO. Estaba convencido de un nuevo comienzo, de una nueva era. El amor que poseía la Madre Naturaleza hacia este planeta era la piedrita en el zapato de Dios, y esta porción de América Central, entre las Guyana, era la última resistencia viva que quedaba. Europa estaba devastada, sin oxigeno. Asia estaba hundida en un océano contaminado de sal en el que nada podía vivir. África estaba seca, muerta, solo era una corriente de aire tibio. Oceanía era todo fuego. América del Norte se había congelado, y tal era su grado de frío que si ponías un pie más allá de estas Guyana te quedabas congelado.  Con respecto a América del Sur, aún no tenemos ideas concretas de lo sucedido. Hace algo más de dos años atrás estábamos batallando en las costas Argentinas y vimos descender del cielo una luz tan clara que nos dejó ciego, acto seguido de la ceguera parcial nos desvanecimos y aparecimos en las Guyana reagrupados.
  Según parece a Dios no le gusta perder, y dicen, cuentan lo más sabios aliados de la Resistencia, que cuando los Guerreros de Dios van desapareciendo y perdiendo terreno a mano de nuestras tropas, Dios baja su mano desde el cielo y toca la tierra matando todo a su paso. Pero qué gran sorpresa es saber que cuando Dios pone un dedo en la tierra se debilita su poder en gran medida.
  Parece ser que América Central es nuestra última posibilidad. Tanto para nosotros como para él.  Dios está debilitado, sabe que si pone una mano en América  una vez más, se destruye todo, si, hasta él mismo.
  A mediados de Octubre último, cerca de una laguna improvisada por la Naturaleza en las adyacencias al centro de la Plaza Libertad, logramos capturar a un Guerrero. Inmovilizamos su cuerpo con lianas gruesas, amordazamos su boca con unas raíces gruesas y vendamos sus ojos con gruesas hojas verdes. Lo tuvimos cautivo cuatro largas horas y así logramos desbaratar el PLAN DE DIOS.
  El Plan trataba acerca de un gran movimiento oportuno para la construcción de su destrucción masiva.  Dios mandó a todos los guerreros mayores y jóvenes a la edificación en el centro de la Plaza Libertad de una gran escultura de él, para luego bendecirla por sacerdotes devotos armados y orar en ella lo más posible para así lograr hacer de ese punto estratégico el lugar sagrado que posibilitaría a Dios poner un dedo sobre aquel monolito y no morir, ganando esta cruel guerra que ya lleva unos cuantos años.
  Nosotros, la Resistencia, nos conectábamos con la Madre Naturaleza mediante los sueños, gracias a la ingesta de hongos rojos y azules. Ella nos daba la fuerza, el coraje y los pasos a seguir.  Nuestra única ventaja es que Dios necesitaba de la Madre Naturaleza para sus guerreros, eso nos daría tiempo hasta el último día de la construcción de la escultura. En cambio nosotros no necesitábamos a Dios, hace tiempo aprendimos a vivir sin él.
  El resto de Octubre, los días posteriores al cautiverio del Guerrero, armamos guardias para espiar la construcción. Así se nos pasaron unos cuantos días a la deriva.
  Llegó Noviembre esta noche que pasó. El temporal fue tan intenso que la escultura  cayó al suelo.  El Plan de Dios se frustró.  Lo poco que habían logrado levantar de aquella épica y descomunal escultura se desmoronó.
  Con el fuerte sol que nos regaló la Madre Naturaleza ese mediodía, nosotros festejábamos nuestro parcial triunfo ante el llanto de pequeños obreros y viejos guerreros que miraban al cielo.
  Con parte de la tropa nos fuimos de festejos, dejamos de vigilar la plaza y comimos hongos verdes. Los hongos verdes eran para relajar el cuerpo, no podíamos entrar en trance con sus toxinas, pero nos dejaba sedados por horas.  Estábamos felices, contentos. Nuestra única meta de ahora en más sería evitar que construyan la escultura y cada tanto cargarnos a algún que otro guerrero, tan simple como eso, cuestión de tiempo para que el mundo sea nuestro.
  Toda la Resistencia estuvo de festejo. Nos olvidamos de todo y nos drogamos por horas con aquellos hongos, pero déjenme decirles algo: Dios es inteligente y sabio. Cuando despertamos del coma de los festejos, más de la mitad de la Resistencia estaba muerta, con disparos en sus cuerpos,  en posición de oración con rodillas al suelo y crucifijos en las manos.
   Dios había planeado todo desde un comienzo, desde aquel Guerrero que dejo en la laguna para ser capturado y nos contará su plan hasta el descuido de dejar sin protección su obra en la noche de la tormenta. Él bien sabia de nuestra adicción a los festejos con hongos verdes. Aprovecho nuestra debilidad.
   Al caer toda la Resistencia bajo los efectos del adormecimiento, los Guerreros destruyeron nuestra única plantación de hongos rojos y azules, aquellos que nosotros usábamos para la comunicación con Madre Naturaleza.
   Al resto de nosotros  nos tomó como prisioneros. Nos sentó frente a las ruinas de la escultura y desde ahí en más nos hizo mirar todos los días la reconstrucción de tal monumento.
   Así pasó Noviembre, con sus fuertes vientos y sus lloviznas cálidas que bien yo sabía eran las lágrimas desconsoladas de la Madre Naturaleza. No había mañana al mes que no me abalanzara sobre el suelo a besar la tierra en busca de su perdón divino.  No había noche que no odiara el comienzo de noviembre, el inicio de toda nuestra última vez, la finalización de épica escultura y su descomunal tamaño. Ahora mientras dos Guerreros me someten de rodillas a tomar con mis dos manos un crucifijo de madera quedo ciego a la luz viendo como baja la mano de Dios y posa su dedo en la escultura destruyendo todo el mundo entero.