La habitación en penumbras disparaba
sombras hacia los estantes de la biblioteca. Varios libros dejaban impregnado
el ambiente de hojas amarillas, mientras que sus diferentes formas y ediciones remarcaban un
placentero paisaje que remitía a una calma de siesta, en un domingo otoñal.
El escritor perdido en el ocaso de
su vasta trayectoria, juntaba con sus pequeñas fuerzas los restos de cenizas de
un cigarrillo mal apagado. Vislumbraba su cuarto entero hecho de madera
barnizada y sentía un gozo apagado. Se encontraba solo.“Está bien” pensó “me
acompañan todos estos libros”. Sin embargo, la soledad que sufrió en toda su
vida, fue exitosa.
Antes de la medianoche bebió una copita
de jerez junto a la ventana. Bendijo a la luna con una copla que improvisó y
ató su bata para sentarse en el sillón.
Las campanadas de la iglesia dieron
las doce exacta. El escritor se dirigía por última vez a su reconfortable cama vacía.
Con sus pantuflas de antaño
arrastrando por el piso, puso la mirada penetrante en el destello de algo
asombroso. No podía creerlo, se tapó los ojos y se refregó con ambas manos.
Ella, ella estaba ahí, sentadita de piernas cruzadas sobre la cama, esa cama
que estaba destendida y desaliñada desde hace varios días. La muchachita vestía
una camisola blanca, casi transparente. Llevaba el pelo suelto hasta la
cintura, o al menos eso parecía y sus uñas, oh, sus uñas, que decir, eran
largas y radiantes.
El viejo poeta no concebía salir de
su asombro, no podía creer lo que se aposentaba en su vieja guarida de maderas
barnizadas.
La joven comenzó a acercarse
mientras la desnudez implícita era absorbida por el cuentista. En ese preciso
momento y sin mayor temor a que la joven escapara del aposento, el escritor
comenzó por revolver todo su escritorio. Sacó miles de papeles, notas y cuentos
por los aires. No dejo estante ni biblioteca sin dar vuelta en aquella
habitación. Por primera vez no le encontraba título a su obra.
Cansado
de tanta búsqueda y atónito de tanta hermosura, de tanto arte que se encontraba
frente a él, solo supo decir:
-
Y vos?... vos de que cuento te
escapaste?.
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